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¿Cómo reducir las cicatrices?

¿Cómo reducir las cicatrices?

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Yo tengo una cicatriz en la ingle y la verdad es que no me importa la vida, porque no se ve mucho. Hace varios años tuve una operación (hernia inguinal) y todo fue bien, la recuperación bien, pero lo único que se me ha quedado es una cicatriz.

Para que te hagas una idea: es una cicatriz de más o menos 7 centímetros que va según las braguitas pero más adentro en la ingle. Lo cual quiere decir que no se ve. Solo se ve en situaciones íntimas, cuando me desnudo para ducharme en el gimnasio, etc. Puedo ponerme un biquini y no pasa nada, no se ve nada.

De hecho no me molestaba, a mi marido tampoco, hasta un día.

¿Cómo descubrí que era fea mi cicatriz?

Un día cuando vi en un grupo de Facebook, de madres, que una madre publicó una pregunta, para las demás madres. La pregunta fue más o menos: Para las madres con cesárea, ¿Cómo os ha quedado la cicatriz después de la operación? – y allí todas las madres ponían su foto.

Reconozco, que mi primer pensamiento fue… “Vaya, no tienen qué hacer en la vida, ¿o qué?”. Empecé mirar las fotos por curiosidad.

Me llevé una gran sorpresa al ver, que la mayoría de las madres tenía su cicatriz de la cesárea mucho más pequeña y mucho más bonita que la mía, ¡de la hernia!

Una madre puso: “Ya veis, mi cicatriz me ha quedado muy fea, es un queloide” – y adjuntó una foto de una cicatriz que podía ser perfectamente la mía. Gorda, sobresaliente y roja, aunque no muy larga.

Madre mía, pensé. O sea, mi cicatriz es fea, porque no se ha curado bien, ¡no es que todas las cicatrices sean así!

Las demás madres, repito, todas tenías su cicatriz como una rayita, fina, algunas casi no se veía, otras un poco más, pero todas mucho más bonitas que la mía, vamos…

¿Cómo quería eliminar mi cicatriz?

En Madrid voy a un centro de láser para depilarme. Esta clínica ofrece también varios tratamientos, para la salud y para la belleza (aunque bastante más de lo segundo). Cuando fui a mi última sesión, pregunté a la chica que me atendía, si se podía hacer algo con mi cicatriz.

Enseguida me vieron, una doctora de medicina estética me ha explicado el tratamiento (que la verdad es que no me acuerdo, pero consistía en primero sacarme sangre, luego centrifugarla y así separar los componentes de la sangre y en consecuencia tratar mi cicatriz con las placas de mi propia sangre, que tendría que dar un resultado estupendo para mi cicatriz, algo así, pero igual no me acuerdo bien).

También me explicaron el precio de este tratamiento. Necesitaría sobre 10 sesiones, el precio de todas rondaba los 1.000€. Síi… mil euros.

La verdad es que las fotos de las cicatrices “bonitas” seguían pulsando en mi cabeza. Además la chica de la clínica era muy buena comercial y me decía: pero ni siquiera tiene que saberlo tu marido. No pasa nada, lo puedes poner en plazos y así ni te enteras que lo pagas. Y tu cicatriz va a estar mucho mejor.

Reconozco que durante un segundo pensé en coger el tratamiento a plazos. Y que no se entere mi marido. Total…

Pero luego entré en razón. Estaba a punto de dejar de trabajar para una empresa. En nuestra casa perdíamos casi un sueldo. Por supuesto, espero encontrar algo pronto, pero esto nunca se sabe.

Tengo algo ahorrado, el tratamiento este no me habría arruinado.

Pero me parecía mal.

Me parecía mal gastarme más de 1.000 euros y no decirle nada a la persona a la que prometí respetar. Aunque no sea una mentira sino más bien una omisión, no contarle eso, me parecía mal.

La última pregunta que me hice fue: ¿Te gustaría que te hiciese lo mismo tu marido? ¿Que se comprase algo de semejante valor sin decirte nada?

Pues no.

Y créeme, aunque aquí parezca una paja mental enorme, todo este razonamiento me costó como 2 minutos como mucho.

Le dije a la chica comercial que no, no podía contraer el tratamiento porque primero quería hablarlo con mi marido. Creo que se sorprendió.

Yo misma estaba ya casi convencida, que no querría el tratamiento.

Mi marido dijo que no le parecía bien, que la cicatriz no se ve, que a él no le molesta, si la tuviese en la cara o en otro lugar visible, sería otra cosa. Pero es que en realidad… Solo la vemos nosotros dos y algún que otro médico cuando toca la visita. Y es verdad. Le di la razón, absolutamente!

Parches, tiritas para las cicatrices

Pero he decidido a buscar un tratamiento alternativo. Primero busqué en internet qué es lo que se puede usar para estos casos.

Primero: el aceite de rosa mosqueta. Fenomenal, me lo compré y religiosamente estaba frotando mi cicatriz con él.

Luego me enteré de que existían unos parches para las cicatrices: algo especial que se podía utilizar en las cicatrices ya curadas. No se pueden utilizar cuando la cicatriz tiene todavía la costra etc.

Aunque hay varios tipos, yo opté por las tiritas Trofolastin. Me han costado unos 35 euros, que no considero barato, PERO cómo cunden! Un paquete lleva como 5 parches grandes, yo me las cortaba en tiras que justo tenían el tamaño de mi cicatriz y me las pegaba en la cicatriz.

Una vez puesta la tirita, se puede llevar varios días. No se despega ni en la ducha ni nada – es muy resistente.

Pero lo mejor fue el resultado. Ya tras haber utilizado la primera tira he visto una pequeña mejora! Luego seguí utilizándolas varios meses más. Sí, varios meses! Cambiando cada pocos días el parche. La verdad es que el efecto no es ideal, sigo con la cicatriz, pero es mucho menos roja y mucho menos sobresaliente. Y todo esto por unos 30 euros, en vez de pagar más de 1000 euros…

Para que sepas más o menos sobre qué parches te estoy hablando, aquí pongo unos ejemplos. La verdad es que tienen buenos precios. Lo importante es fijarse en sus tamaños, luego se pueden recortar sin problemas, pero que no se queden cortas, sobre todo.

Reductor de cicatrices Trofolastin 5×7,5cm

Reductor de cicatrices Trofolastin 4x30cm

Este es de otra marca: Hansaplast, 3,8×6,8cm, es mas económico

Si tienes algunas preguntas sobre su funcionamiento, me las puedes hacer en los comentarios, si conozco la respuesta, te la daré encantada.

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